¿Por qué no se quiere hablar de los Transgénicos?
La reciente decisión de los grupos parlamentarios de CiU, PP y PSC de Cataluña de presentar una enmienda a la totalidad a la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que presentó el movimiento “Som lo que sembrem” (Somos lo que sembramos) y que recogió 105.000 firmas de ciudadanos de Cataluña supone un flaco favor al debate democrático en nuestro país.
Estos tres partidos políticos se niegan en redondo a debatir sobre los transgénicos en el Parlament de Cataluña. Con su actitud nos niegan la posibilidad de poder asistir a un interesante debate sobre los pros y los contras de los transgénicos. Impiden a los ciudadanos la posibilidad de poder tener un debate, una discusión de argumentos y poder poner en votación la aprobación enteramente o parcialmente de una proposición de ley que ha partido de la iniciativa popular. La proposición pretendía, entre otras cosas, la declaración de Cataluña como zona libre de Transgénicos, la prohibición inmediata de los cultivos transgénicos, un etiquetaje claro de los alimentos que en su proceso de elaboración utilicen transgénicos y los que no y, por último, una moratoria al desarrollo de los transgénicos en Cataluña y la investigación de sus efectos.
¿Qué ha sucedido para que esta iniciativa a día de hoy esté paralizada?, ¿Quién es capaz de poner de acuerdo a CiU, PSC y PP en Cataluña? Sin lugar a dudas, los tres influyentes lobbies económicos que actúan legítimamente sobre los partidos políticos.
A algunos sectores de la industria agroalimentaria (el sector industrial más potente de Cataluña) no les interesa para nada un debate de estas características en el Parlamento que airee que, según la ley vigente sobre etiquetaje de los alimentos en Europa y según el Reglamento Europeo los alimentos envasados que contengan Organismos Modificados Genéticamente (OGM), deben hacer constar en sus etiquetas la presencia de dichos organismos con la excepción de los cárnicos, la leche y los huevos. Existe pánico a la hipotética reacción del consumidor si éste descubriese que la inmensa mayoría de los animales que producen la carne, la leche y los huevos que se comercializan en España y en Europa ya se alimentan con materias primas que contienen OGM.
En segundo lugar, tenemos el lobby de las multinacionales productoras y comercializadoras de las semillas y las fundaciones que éstas han impulsado. Estas empresas están muy bien introducidas en el ámbito político e incluso dentro de la propia Administración, tanto a nivel del Ministerio de Agricultura como de la Conselleria de Agricultura.
Estas empresas dedican mucho dinero en al desarrollo de sus patentes en connivencia con investigadores de toda España que dependen de la inyección de dinero de estas empresas y también de los recursos públicos que se invierten en los centros de investigación públicos en investigación y desarrollo. Mucho dinero invertido que, al mismo tiempo, mantiene plantillas enormes de investigadores y personal auxiliar. Un potente lobby que además dispone de plumas agradecidas dispuestas a defender los postulados de sus mecenas en los medios de comunicación.
Y finalmente nos hemos de referir a un lobby clave y muy potente, quizás el que más poder de decisión tendría en este tema y con una capacidad muy rápida para convencer mediante sutiles “tractoradas” que cortan carreteras y ponen en jaque al consejero de turno. Un verdadero poder fáctico infiltrado en Agricultura tanto en el Gobierno Central como en el Autonómico. Nos referimos a los Sindicatos Agrarios, agentes económicos que juegan un doble papel en esta pugna entre partidarios y detractores.
Las sectoriales ecológicas de los sindicatos agrarios están en contra de los transgénicos pero por otra parte los mismos sindicatos son favorables a los transgénicos. ¿Cómo se puede entender esto? La explicación es tan sencilla como que la fuerza de los intereses económicos de que disponen los afiliados “convencionales” dentro del sindicato es superior a la de los “ecológicos”. Aunque a efectos de imagen y de cara a la galeria a las dos corrientes les interesa aparecer siempre como los defensores de una agricultura ecológica y firmar manifiestos en contra, al mismo tiempo toleran la proliferación de los cultivos transgénicos y no mueven ficha de cara a protejer los intereses económicos de sus afiliados.